5 de octubre de 2014

Rubén, Como… Los muertos no sueñan, Ya nunca será como antes, En un cuarto lleno de anguilas



Avelino Stanley

Apreciado Rubén:
Todos sabemos que Los muertos no sueñan, sin embargo has conseguido fijar en la imaginación de los lectores de esta obra un mundo y unos personajes donde los sueños y los recuerdos deambulan entre los vivos y los muertos.
Es cierto que Ya nunca será como antes, sobre todo después de sumergirnos en las diez muestras en las que dejas absortos a los que te leemos.
Con los mismos planos conceptuales e historias paralelas, En un cuarto lleno de anguilas vuelves a presentar otro mundo, el de Guillermo, que viene a Nueva York, desde Chicago, para formar parte de unas escenas donde el tiempo interior genera una hegemonía vuelto campo y tema.
Son tres libros y un mismo certamen. Un premio. Letras de Ultramar. Podríamos plantearnos que los certámenes literarios son obras del azar accidental. Pero en las obras de un autor o autora, en cambio, si algún azar interviene, es el ontológico. Y el azar ontológico no puede ir lejos sin el azar epistemológico.


El certamen Letras de Ultramar ha cimentado el crecimiento de su prestigio con los autores que premia. Un ganador es algo así como el azar accidental. En cambio tú, Rubén, has obtenido tres veces ese mismo galardón. Eres, por tanto, el azar ontológico de tu ser danzando con el azar epistemológico de tu saber. Con esos galardones has reafirmado tu crecimiento al tiempo que prestigias el certamen que te reconoce.
Yo sí que soy una pura casualidad en ese premio. He sido jurado dos veces antes de que tú ganaras tres veces. Soy, sencillamente, el azar coincidente montado en el carrusel de la casualidad. Y eso es, precisamente, lo que me ha acercado a tu obra.
Como ya conocía la consistencia de tus escritos, pude haberle dado la respuesta a una pregunta que me hiciera una amiga que aprecio mucho. Ese año en el que dos obras tuyas fueron galardonadas, ella me envió un correo escueto:
—¿Dos premios a un mismo autor? ¿Y cómo es eso? —preguntó.
La respuesta a aquel correo quedó pendiente. Ahora que ya están lejos los días de la premiación, respondo en público una pregunta privada. Son dos las razones que dan pie a tus reconocimientos. La primera es la forma de tu vinculación con las técnicas de la narrativa. Y la segunda, que no iría a ninguna parte sin la primera, es tu dedicación.




Ahí están las claves, señoras y señores, para toda aquella persona que quiera convertirse en buen narrador: conocimiento de las técnicas y dedicación.
Tus estudios de maestría en Escritura Creativa, Rubén, no han sido en vano. Hablan en tu obra. Te leo y veo a Virginia Wolf o a James Joyce “buscando aproximarse más a la vida interior de sus universos”. Cuando escudriño tus escritos, Rubén, veo algo muy importante: noto cómo va creciendo tu capacidad para escoger temas intrigantes, veo cómo aumenta la calidad de tu prosa, de qué manera vas llenando tus escritos de metáforas particulares. Tu elegancia narrativa se parece a esos basquetbolistas que en los campeonatos mundiales se destacan por insertar canastos que arrancan aplausos por su limpieza, por su modo de hacerlo y por lo oportuno.


Algo de suma importancia hay en tu obra, Rubén. Se puede notar en ella la incesante persistencia por erigir tu estilo propio. Tu estilo particular. Nada más significativo para un autor o autora que construir un estilo propio, inconfundible. Y eso tú lo estás logrando a pasos agigantados.
Este mismo año allá, en nuestro lar nativo, dije algo sobre tu libro de cuentos, cuando lo presentaba en la Feria del Libro de Santo Domingo. Ahora lo voy a repetir por escrito. Rubén, mantén ese ritmo en la calidad de tus trabajos, y en la dedicación, porque de esa manera tú seguirás trillando el camino de convertirte en uno de los narradores más importantes del país, dentro y fuera de la República Dominicana. Adelante, Rubén, porque Los muertos no sueñan, y Ya nunca será como antes, En un cuarto lleno de anguilas.

Avelino Stanley,

Playa Caribe, República Dominicana
25 de septiembre del 2013

19 de agosto de 2014

Escribir en Nueva York. Antología de narradores hispanoamericanos



En Escribir en Nueva York se han incluido a 28 escritores que viven o han vivido en la ciudad de Nueva York y han preparado relatos de ficción y no ficción especialmente para esta antología. Escrituras que construyen Nueva York: ciudad-deseo, ciudad-piel, ciudad-orgánica, ciudad-mutante,ciudad-cuerpo, eje-puente-tejido que concentra y abre nuevos caminos para la literatura hispanoamericana. Los autores que participan en esta antología son: Antonio Muñoz Molina, Diamela Eltit, Sylvia Molloy, Sergio Chejfec, Carmen Boullosa, Isaac Goldemberg, José Manuel Prieto, Guillermo Astigarraga, Giannina Braschi, Lorea Canales, Enrique Del Risco, Dinapiera Di Donato, Federico Falco, Ulises Gonzales, Mariana Graciano, Carlos Labbé, Marta Lopez Luaces, Jaime Manrique, Osdany Morales,Marina Perezagua, Pedro Plaza Salvati, Roberto Quesada, Mónica A. Ríos, Sonia Rivera-Valdés, Claudia Salazar Jiménez, Rubén Sánchez Féliz, Fernanda Trías yNaief Yehya.

25 de enero de 2014

Entrevista a Rubén Sánchez Féliz, Por Daniela De La Cruz Gómez


Entrevista a Rubén Sánchez Féliz

Por: Daniela De La Cruz Gómez 


Rubén Sánchez Féliz es un escritor que está mostrando una importante capacidad escritural y que bien puede ser un precursor en el devenir de la joven novelística dominicana. Va descollando con pasos firmes hacia una literatura de la comprometida. Tiene ideas claras, intelecto, bagaje, y sin dudas es un escritor con capacidad para crear situaciones que merecen la atención de los lectores exigentes. No hay muchos creadores buenos en el país y si nos dan una sorpresa grata es lo mejor que pudiera ocasionarnos en este breve mundo literario dominicano.

Rubén Sánchez Féliz (Santo Domingo, 1972). Educador, narrador y ensayista. Ganador del Premio Nacional de cuento Universidad Central del Este (UCE) 2013, con Para que te tranquilices. Obtuvo el Premio Letras de Ultramar 2012 en dos categorías: Novela, con Un cuarto lleno de anguilas, y Cuento, con Ya nunca será como antes. Ha publicado Beatriz (Premio de Novela Federico García Godoy 2010, Ediciones Funglode, 2012; MediaIsla Editores, 2013), No volverás la mirada (Cuentos, Parada Creativa, 2011), Los muertos no sueñan (Premio Letras de Ultramar de Novela 2010, Editora Nacional, 2011), la antología de cuentos Viajeros del rocío: 25 narradores dominicanos de la diáspora (Editora Nacional, 2007) y El décimo día (Novela, Alcance, 2005). Obtuvo el segundo lugar en el Premio de ensayo Pedro Francisco Bonó 2010, con La palabra y otro ensayo. Tiene una licenciatura en pedagogía y una maestría en Escritura Creativa, ambas por la Universidad de Nueva York (NYU).

1. ¿Qué significado tiene para ti un premio importante como el que recibiste?

El Premio UCE tiene mucho prestigio a nivel nacional, por la pulcritud con que se ha manejado, el jurado que escoge y los autores que lo han ganado hasta la fecha. Haberlo recibido afianza mi trayectoria como escritor.

2. ¿Cómo ves el panorama de la novela dominicana y latinoamericana actual?

El panorama de la novela latinoamericana actual es muy saludable. Con novelistas como César Aira, Jorge Volpi, Andrés Newman, Lina Meruane y otros incluso más jóvenes, nuestro futuro en las letras está garantizado. En cuanto a la novelística dominicana, también lo veo con muy buenos ojos.

3. ¿En qué temática o temáticas trabajas actualmente?


Cuando escribo intento abordar los problemas de nuestros tiempos, haciendo hincapié en cómo el ser humano enfrenta las paradojas de la sociedad.

4. ¿Crees en la efectividad de los premios y galardones para levantar a un autor no importa el género a que se dedique?

Los premios ayudan bastante, pero no garantizan la calidad de la obra. He leído un sinfín de textos mediocres que han sido premiados en certámenes nacionales e internacionales. Pero con la crisis editorial actual y con lo difícil que se le hace a un escritor joven encontrar quien lo publique, los premios logran llenar ese espacio, porque incentivan la creación literaria y posibilitan que el manuscrito se convierta en libro impreso y llegue a manos del lector.

5. ¿Crees que hay la posibilidad de la gran novela dominicana que no se ha escrito todavía, es decir, la novela del pueblo dominicano?

¿La gran novela dominicana? Pero si ya se han escrito excelentes novelas dominicanas. Eso de sentarse a esperar “la gran novela dominicana” me parece absurdo. Me hace pensar en un cuento de Borges que se titula “El espejo y la máscara”.

6. ¿Cómo ves la novelística de Marcio Veloz Maggiolo u otros autores?

Marcio Veloz Maggiolo es el novelista vivo más importante de la República Dominicana. En cuanto a los otros autores, de los que he leído me quedo con La multitud y Perdidos en Babilonia, de José Acosta; Solo cenizas hallarás, de Pedro Vergés; Bachata del ángel caído y Carnaval de Sodoma, de Pedro Antonio Valdez; y algunas novelas de Manuel Salvador Gautier. Como ves, me faltan muchos novelistas dominicanos por leer. Tengo en mi biblioteca varias novelas de Marcallé Abreu, Andrés L. Mateo, Viriato Sención y Avelino Stanley. Les hincaré el diente en cuanto pueda.

7. ¿Puedes hablar de la trama y los personajes de tu última novela premiada?

Mi última novela premiada es Un cuarto lleno de anguilas. Ya varios críticos y escritores han emitido juicios sobre la obra. Estoy muy satisfecho con la novela y la recepción que ha tenido. En ese texto se afianzan los elementos que he venido trabajando desde El décimo día: los sueños, la pintura, la memoria, la niñez, la sinécdoque narrativa… También quise trabajar el miedo como tema y abordar varias paradojas del hombre actual, como la soledad en medio de la multitud, partiendo de mi experiencia en la ciudad de Nueva York y mis lecturas, sobre todo la de Charles Baudelaire: “Estar solo en medio de una atareada muchedumbre”. De hecho, Un cuarto lleno de anguilas se titulaba Miedo y llevaba un epígrafe de Baudelaire. Este tema lo trata nuestro José Acosta de manera magistral en La multitud. Por otro lado, en la novela también está la idea del laberinto, que aparece en el mismo primer capítulo con la descripción del rompecabezas del tío Raúl (que remite a algunos textos de Borges, como “La muerte y la brújula”; pero lo que en Borges es un rombo perfecto, aquí es un triángulo equilátero, exactamente lo que pensó haber encontrado Erik Lönnrot). Hay, además, un guiño a los autores japoneses, una suerte de homenaje a esos hermosos paisajes nevados en las obras de Mishima y Kawabata. Por último, lo de las anguilas eléctricas es un tema que había venido escuchando desde el año 2000, del mismo Manuel Popa, un poeta-todólogo local, un tipo alucinante, a quien le dedico la novela. Según él, tenía anguilas eléctricas en su casa. Me fascinaba el tema porque era, además, un recurso simbólico que me venía como anillo al dedo; me senté a entrevistarlo en tres o cuatro ocasiones, y de ahí nace parte de la historia de Alan, el personaje que ha deslumbrado a más de uno.

8. ¿Habrá más sorpresas importantes en el porvenir de tu producción?

Seguiré leyendo y escribiendo. Ya veremos qué pasará en adelante.

9. ¿Incursionas en otros géneros?

Cultivo el cuento, el ensayo y tengo algunos textos inéditos de literatura infantil.

10. ¿Ves apoyo decidido a los escritores contemporáneos por el Estado u otros estamentos nacionales?

Sería muy mezquino de mi parte si dijera que Cultura no está realizando una gran labor en casi todos los ámbitos culturales de nuestro país. No voy a enumerar aquí lo que se está haciendo, porque me parece muy obvio. Hay gente que emite juicios descalificatorios por cuestiones políticas o por intereses personales. Esos son los más vocingleros. Para mí el blanco, el rojo y el morado son la misma mierda. Los que estuvieron, los que están y los que aspiran son igual de malos; los mismos rostros, los mismos hombres genuflexos ante la oligarquía y las transnacionales. Pero no por ello voy a negar lo innegable. Me consta el buen trabajo que está realizando el Ministerio. Claro, siempre se puede hacer más y qué bueno que sea así. En cuanto a las instituciones no gubernamentales, sí las hay, como el Grupo Corripio y la UCE, que apoyan a los escritores con premios y ediciones de libros. Además, están aquellos que lo hacen por amor al arte y con escasísimos recursos, como el Grupo Vetas que dirige Clodomiro Moquete.

11. ¿Me gustaría conocer tu opinión sobre las razones por las cuales las letras nacionales no han trascendido hacia un público digamos internacional?

Realmente no sé y para mí es un verdadero misterio. No te voy a negar que inicialmente yo pensaba que era una cuestión de calidad. Pero luego me di cuenta de que no era el caso. Solo hay que mirar la poesía sorprendida. Creo que Franklin Mieses Burgos es tan bueno como cualquier otro poeta universal de su época. Los cuentos de Juan Bosch tampoco obtuvieron la trascendencia merecida. Y puedo seguir citando autores de una gran calidad literaria que no tuvieron una justa valoración a nivel internacional.

12. ¿Por qué razón nunca nos encontramos con un autor dominicano cuyas obras se encuentren entre las más leídas en América Latina, en Estados Unidos, en Europa?

La obra de Junot Díaz está entre las más leídas a nivel mundial. Su novela La maravillosa vida breve de Óscar Wao y el libro de relatos Así es como la pierdes han ganado premios de prestigio universal.

13. ¿Es que aquí no hay escritores o que no están dadas las condiciones generales para que esto ocurra? ¿Por qué?

Claro que en República Dominicana hay excelentes escritores. Tal vez, en ese sentido, no estaría mal que el Estado los hiciera más visibles a nivel internacional. Creo que también debemos apoyarnos los unos a los otros. No dejar que el ego nos gobierne. Lo digo porque hay gente que sufre una inmensidad cuando alguien se faja para escribir más o menos bien. A veces nos cuesta reconocer el trabajo o talento ajeno, preferimos buscarle la quinta pata al gato, en vez de tomar ese tiempo y energía para leer un buen libro, por ejemplo.

14. ¿qué opinión te merece la actualidad literaria dominicana? ¿Crees que estamos encaminados? ¿Crees que estamos “haciendo el trabajo” como se dice?

Pienso que sí, estamos más que encaminados. No es fortuito que haya un gran número de jóvenes vinculado a los talleres literarios. Muchos de ellos escriben muy bien y, más importante aún, son lectores voraces. Lo que nos hace falta es una crítica especializada. Gente preparada, actualizada.

15. ¿Qué opinión le merece el proceso de creciente presencia del libro electrónico en el mundo y la República Dominicana?

No me molesta el libro electrónico, porque ayuda a que el texto llegue a más lectores. Eso sí, prefiero el libro objeto. Aunque mis estudiantes y mis hijos a veces leen e-books. Lo importante es que se lea.

16. ¿Ustedes tienen algún criterio de selección para publicar sus libros?

No sé de los otros, pero yo sí tengo un criterio de selección y es muy simple: primero, la obra tiene que gustarme a mí, luego pasar el cedazo de mis dos amigos-lectores y, en última instancia, la ferocidad de la gaveta. No hay cosa más eficaz que engavetar el manuscrito y echarle otra mirada meses después de haberlo terminado.

14 de diciembre de 2013

ENTREGA DEL PREMIO DE LITERATURA UCE 2013




San Pedro de Macoris. Por catorce años consecutivos la Universidad Central del Este realiza un evento muy importante para los escritores dominicanos, permitiendo la difusión de la literatura como arte que debe permanecer en la sociedad.
Es el Premio de Literatura UCE, que en su edición 2013 tuvo como ganador a Rubén Sánchez Féliz con su libro de cuentos “Para que te tranquilices”.
La entrega del premio se realizó durante un acto en el auditorio de la biblioteca de la UCE, el cual fue presidido por José Hazim Torres, vicepresidente del Consejo Superior Universitario y vicerrector de la Universidad Central del Este.
En la mesa de honor le acompañaron: Miguel Phipps Cueto, Premio Nacional de Literatura Infantil y presidente del Consejo Editorial UCE; el poeta Tony Raful y Mateo Morrison, Premio Nacional de Literatura a toda una vida (2010).
Además, Manuel Matos Moquete, Premio Anual de Ensayo 2013; Roberto Marcallé Abreu, Premio de Literatura UCE 2012; el ganador de este año Rubén Sánchez Féliz; y Pilar Albiac, administradora de la Fundación Corripio, quien fue reconocida con un pergamino y una medalla por sus méritos personales, y por su apoyo a la cultura y a la literatura.
En su discurso, José Hazim Torres manifestó que aunque la humanidad ha evolucionado de la escritura antigua a la revolución tecnológica “aún así confío en que el libro, instrumento al servicio de nuestra civilización, no desaparecerá, sino que coexistirá junto a todas las innovaciones de la ciencia y la técnica”.
Durante la actividad se entregaron reconocimientos a las empresas patrocinadoras del Premio de Literatura UCE 2013. Estas fueron: Banco Popular, Banco BHD, Ayuntamiento Municipal, Vásquez, Repuestos y Servicios para Autos, Centro Médico UCE, Remesas Vimeca, Centro Cuesta Nacional y Papelería Cactus.
En el encuentro que fue ambientado con villancicos navideños a cargo del coro de la Universidad Central del Este, también fue aprovechada la ocasión para la presentación de la novela “Las Calles Enemigas”, Premio de Literatura UCE 2012, de la autoría del escritor Roberto Marcallé Abreu.
En un aporte de la Universidad Central del Este, todas las personas que asistieron a la actividad recibieron como obsequio esta obra que tiene un costo de 800 pesos.
Por  para HOY

7 de noviembre de 2013

LA ESCRITURA COMO VIAJE EN UN CUARTO LLENO DE ANGUILAS, POR DIAMELA ELTIT

La escritura como viaje en Un cuarto lleno de anguilas

                                                              
                                                               Por Diamela Eltit

         
       Recuerdo de manera muy especial la capacidad narrativa de Rubén Sánchez Féliz para textualizar la infancia, mientras cursaba su Maestría en Escritura Creativa. Sus textos construían estéticamente la niñez desde una mirada siempre poética que imprimía una suerte de esperanza encarnada en esos cuerpos niños que contenían un momento único y preciso de irrepetible belleza. Porque es la poética la que organiza los mundos narrativos de la obra de este autor que, una y otra vez, vuelve a explorar la fragilidad en que se cursa el mundo cotidiano, mientras sus sujetos cruzan las mismas avenidas o caminan traspasados por una forma sofisticada y única de insalvable soledad.    
Pero ahora quiero detenerme en un texto específico y me pregunto cómo dar cuenta de la latencia generalizada que opera  y cruza la novela Un cuarto lleno de anguilas, que obtuvo el Premio de Novela  Letras de Ultramar 2012.  
Rubén Sánchez Féliz cumple, con una pericia poco habitual, la tarea literaria de cercar y acercar los espacios por los que transita el protagonista de su obra. Espacios que transcurren en medio de una normalidad estallada que parece a punto de desintegrarse.  

   
El viaje del protagonista Guillermo desde Chicago a Nueva York conforma el suceso que demarca un presente pero, a su vez, porta la herida de un pasado que permanece vigente en su imaginario mientras evoca las imágenes del padre ausente, un padre –es un decir- que se filtra de contrabando. Una ausencia que instala en el hijo, como diría Freud, la persistencia  del duelo y la melancolía.
Como el hijo de un padre contrabandista, el protagonista da una cuenta muy precisa de cada uno de los espacios por los que transita. El ojo detallista de Guillermo analiza sus propios pasos y allí el tío Raúl, lacónico, reservado, lo acoge, pero ese tío está también apegado a su propio pasado, a su particular tragedia amorosa, intentando dilucidar su propio laberinto de emociones. Recibe al sobrino en su casa, un espacio donde faltan las palabras, porque el silencio parece formar parte de un pacto familiar que, a pesar de los afectos más tangibles, opera como una convención que señala una forma parca de entendimiento.  
            El joven protagonista ocupa los espacios mediante una circulación lúcida. Se cruza con un lector de su vida, su compañero de estudios Mike, quien a su manera, desde una mente intrépida e imaginativa, le proporciona un análisis vital del mundo que habita, desde una perspectiva oscura, cruzada por teorías conspirativas.
            Y allí en ese mundo, va a convertirse en un centro Alan,  el protegido de su tío, un personaje impenetrable que vive una vida torcida o retorcida o autónoma en el sótano de la casa. Alan aparece como un personaje dotado del poder de la adivinación, como si hubiese sido tocado por el halo de los viejos dioses. Es un ornitólogo autoformado que vigila la procreación de sus aves. Pero más atrás, en una pieza inalcanzable, están las anguilas eléctricas ominosas que, a la manera del inconsciente caótico y confuso, señalan que existe un trasfondo perturbador que radica en la trastienda de cada una de las vidas.
La novela va develando que en esas existencias comunes, la del tío Raúl y  la de Alan, su protegido, existen factores excepcionales o, dicho de otra manera, que cada sujeto es excepcional más allá de la serie humana que conforma. Es esa excepcionalidad la que detona en Mike la fantasía de un crimen, quien transforma a Alan en un personaje arrancado de una película de misterio o de terror. Pero, en otro registro, va mostrando la soledad cotidiana, las alianzas circunstanciales, la privacidad más privada, las singulares aficiones en las que se desgrana el tiempo, la imposibilidad de lo que entendemos por común, las singularidades que emergen desde todos los rincones.


             La sexualidad se cursa de una manera fluida, más allá de sus específicas condiciones, me refiero al intento de castración que experimenta el protagonista en medio de un viaje erótico con su singular acompañante Kelly, misteriosa, radical y especialmente artística. Sin embargo, es Amanda la que cautiva a Guillermo. Amanda, la que trabaja para su tío y en la que se proyecta como una forma de espejo. Ambos comparten un tipo de extrañeza ante sí mismos, idéntica distancia. Pero, sin duda, el gran nexo es que Amanda se va a ir de Nueva York, desaparecerá al igual que el padre de Guillermo y alimentará así su imaginario cruzado por la melancolía, tal como lo ha hecho la imagen paterna.  
            Se puede pensar el viaje a Nueva York entonces no solo como un viaje al estudio y al saber universitario, sino especialmente como un viaje tras la búsqueda memoriosa de su padre. Un padre que está retenido en la pieza impenetrable de Alan, un padre convertido en una anguila eléctrica, única en su especie, que detona peligrosas descargas en la psiquis del hijo. Es el padre encarcelado, deportado, desaparecido el que está en el sótano de Guillermo, una anguila poderosa perdida en el interior de la familia y custodiada por uno de sus representantes.
            Es allí, en el lugar más próximo a esa anguila irrepresentable, donde finalmente Guillermo extraña a su madre y a su parco padrastro. Allí, en el centro del propio sótano de emociones, consigue comprenderlos y aceptar la nueva vida que eligió su madre. En ese lugar preciso es que quiere volver a recorrer el espacio que dejó, pero paralelamente se desencadena en él la pulsión de muerte. El suicidio lo acecha desde un trasfondo de sí, precipitarse al vacío que lo ha acompañado, salir de la vida como un acto autónomo o automático. Huir de sí mismo.  

              El ritual suicida no se consolida, solo se suma como una experiencia más de la distancia consigo mismo. En ese tránsito Mike y Guillermo finalmente van a encontrar un lugar para sus imaginarios; mientras Mike opta por el activismo para saldar su condición de hijo no deseado, Guillermo encuentra en la literatura el lugar de deseo. Escribe una épica enmascarada, su propio camino a Nueva York como un viaje a la escritura. Entiende, y esta es una mera posibilidad, que esas anguilas eléctricas –me refiero a las anguilas que pueblan las mentes de cada uno de nosotros- están allí para señalar que las heridas no van a cerrar pero que, sin embargo, es posible apaciguarlas.

29 de octubre de 2013

UN CUARTO LLENO DE ANGUILAS

                                                         
Por Minelys Sánchez




Cuando nos aventuramos a leer una novela, siempre debemos tener presente que nos vamos a introducir en un mundo ficticio y, si se quiere, complejo. Con unos personajes cuyas vidas, fuera de lo común, han de haber impresionado de tal manera al autor que este ha decidido compartir sus hazañas con todos sus lectores. Por lo regular, las novelas están llenas de un lenguaje y unos elementos simbólicos que posiblemente a más de un lector le cueste interpretar de un solo golpe. Esta es justamente una particularidad de la obra que nos disponemos a tratar en esta oportunidad. Un cuarto lleno de anguilas nos ofrece una amplia gama de posibilidades simbólicas e impresiones que creo vale la pena resaltar.
En esta ocasión, Rubén Sánchez Féliz nos presenta una novela corta de majestuosa artimaña que nos introduce a un mundo fortuitamente real, sin embargo, no deja de ser un mundo inventado con un sinfín de posibles significados. Podemos empezar citando el título de la novela: Un cuarto lleno de anguilas. Probablemente usted, al igual que yo, lo primero que se pregunte es ¿cuál es su significado? ¿A dónde quiere llevarnos el autor?  
Son las anguilas en este caso una de esas imágenes arquetípica a la que se refería Karl Jung, que busca conectarnos con el pasado y el futuro de los protagonistas de la historia. Recordemos que la anguila es una criatura compleja y fascinante que ha maravillado a los naturalistas de todos los tiempos, se dice que hasta Aristóteles estuvo maravillado por esta criatura, por la cantidad de enigmas que presenta su biología. Incluso en la actualidad siguen llenas de misterios sin resolver.  

Es esto lo que nos presenta el autor con este título. Un mundo fascinaste repleto de personajes tan fantásticos y enigmáticos que por momentos parecen algo surrealistas, como es el caso de Alan, un ornitólogo de profesión cuya fascinación por la naturaleza le hace interesarse por una extraña especie de pez, a tal punto de tener un cuarto lleno de anguilas eléctricas (una especie preservada que habita en los ríos Orinoco y Amazonas, en Sudamérica).   
Pero hay otros simbolismos muy interesantes en esta novela. Por ejemplo, hay un rompecabezas en el que el tío Raúl, un personaje quizás no tan ininteligible como Alan, pero un hombre que también se trae lo suyo y guarda una especie de secreto que mantiene al lector interesado en su misterio, mientras él sigue absorto en un acertijo que no logra terminar. Está también el famoso cuadro “El ahorcado”, del pintor francés Paul Cézanne, que afecta significativamente la psique de Guillermo, protagonista de la historia. 
En el fondo, desde mi punto de vista, claro está, nos encontramos frente a una novela moderna. Y cuando digo moderna, no me refiero solamente a que la misma transcurre en la ciudad de Nueva York de nuestros días, sino más bien a los conflictos que afectan a la sociedad en la que nos ha tocado vivir.  
Apenas un par de años atrás, decir que uno había tenido que ir a ver el psicólogo, era un secreto familiar. Sin embargo, ahora es casi un lujo decir que “yo sufro de un trastorno de personalidad” y uno se pregunta, ¿a qué se debe este cambio? La respuesta parece estar ahí. El mundo moderno que está lleno de todo y, sin embargo, está completamente vacío.  Paradójico, ¿cierto? Pero detengámonos un momento en los personajes de esta novela corta y confrontemos sus realidades.
Empecemos por Guillermo, el personaje principal. Un muchacho con cierta perspectiva en la vida. Con posibilidad de estudiar, de ser alguien. Sin embargo, es un personaje distraído, conforme, el tipo seguidor que no toma iniciativa sino que, por el contrario, deja que otros decidan por él. Y esto ¿por qué? Cualquier psicólogo no tendría que hacer una exhaustiva búsqueda para diagnosticar a Guillermo: la ausencia del padre en la niñez del muchacho hizo su estrago.
Pero sin andar muy lejos, tropezamos con Mike, el mejor amigo de Guillermo quien habiendo nacido en buena cuna, aunque por accidente y con una deformación en los ojos que lo hacen mirar siempre enfocando para un punto equivocado, se refugia en una falsa alegría para disfrazar la cruz que él, como la mayoría de los personajes, lleva por dentro.    
            El tío Raúl y Alan, dos personajes refugiados en actividades que para cualquiera de nosotros resultaría inútiles y de alguna manera descabelladas. Sin embargo, Rubén nos deja claro que estamos frente a un mundo donde la soledad es el aliado perfecto del hombre moderno. ¿Por qué? Por razones diversas, como podemos ver en la novela de Sánchez Féliz. Guillermo, por ejemplo, parece no poder superar la desaparición de su padre. Mike, a quien no parecía afectarle su ojo bizco ni el hecho de ser un hijo no deseado, fingía.  El tío Raúl que no acepta la pérdida de su gran amor y Alan, a quien nada a parte de su cruce de aves parece importarle, es quien concluye que la vida de estos personajes encuentra su refugio dentro del propio laberinto que cada quien se ha formado. Alan lo encuentra en ese cuarto lleno de anguillas donde sólo él tiene permiso de entrar. Raúl en el rompecabezas que se niega a terminar y Guillermo, en el amor y la soledad del cuento que acaba de escribir y que Alan, atinadamente, le predice que ese será su laberinto.

Un cuarto lleno de anguilas es una novela innovadora que corre por los pasillos de Nueva York, cargando la tragedia de la vida moderna. Entre ellos, un tema que es imposible pasar por alto, es la emigración y las cargas negativas que la misma arrastra consigo. Creo definitivamente que esta novela de Rubén Sánchez Féliz tiene todos los elementos necesarios de una novela estupenda.

25 de octubre de 2013

RUBÉN SÁNCHEZ FÉLIZ ES EL GANADOR DEL PREMIO UCE DE CUENTO 2013



El escritor Rubén Sánchez Féliz fue declarado ganador del premio literario que otorga la Universidad Central del Este, UCE, según ha informado hoy Miguel Phipps Cueto, Presidente del Consejo Editorial en dicha universidad.
Sánchez Féliz, que se convierte en uno de los escritores más galardonados en concursos y premios literarios del país, ganó el premio UCE en el género de cuento con el libro «Para que te tranquilices». Participó en el concurso con el seudónimo de «El Capitán Marlow».
El escritor Miguel Phipps Cueto informó que los miembros del jurado fueron Manuel Matos Moquete, Andrés L. Mateo y Manuel Núñez. Dijo que «luego diremos el día de la entrega» (del premio).
Rubén Sánchez Féliz ha ganado el premio Letras de Ultramar, del Comisionado Dominicano en Estados, dos veces en el género novela y otra en cuento. También es ganador del premio de novela de la Fundación Global, Funglode. Es un colaborador de la Revista Vetas.
Revista Vetas:

1 de septiembre de 2013

Rubén Sánchez Féliz y Un cuarto lleno de anguilas



Por José Acosta


Hay novelas que lo dicen todo, que desde la primera línea hasta la última desnudan enteramente todo su universo. Si aplicamos el oído en su cubierta oiremos un bullicio, voces que no esconden nada al lector.
            Otras novelas están hechas de grandes silencios, pero eso que callan, eso que no revelan, es a veces más bullicioso que el más tenaz de los discursos. Sus espacios en blanco están llenos de sinuosidades, las luces que dejan apagadas están encendidas en la comprensión del lector. Son obras de la que uno, al terminar de leerlas, dice: "Me dejó pensando".
            Es a esta última categoría (si se le puede llamar así) a la que pertenece Un cuarto lleno de anguilas, del escritor dominicano Rubén Sánchez Féliz. Camus afirma que el esfuerzo de la gran literatura parece consistir en crear universos cerrados o tipos completos. Un cuarto lleno de anguilas es un mundo cerrado, pero a la vez abierto, y esa abertura sólo puede ser cerrada por el lector. Y en cuanto a los tipos, uno de los grandes logros de esta novela es precisamente éste: Nadie más completo que Alan, ese personaje misterioso, cavernario, que aparece como un ave nocturna en las páginas de la novela. Él solo ya es la novela; si sacáramos a Alan, el universo de Un cuarto lleno de anguilas simplemente se vendría abajo.
            Guillermo, el personaje que narra la novela, funge como punto de encuentro, es la encrucijada donde convergen la vida y los acontecimientos que marcan la existencia de los personajes. Pero la mirada de Guillermo está limitada a lo que él es, un narrador en primera persona, un testigo que sólo cuenta lo que ve, que apenas puede traducir lo que sucede a su alrededor.

            Y lo que Guillermo ve lo seduce y a la vez lo asombra hasta el desconcierto. ¿Qué esconde Alan en el cuarto de las anguilas? ¿Por qué su tío Raúl no termina nunca el rompecabezas? ¿Qué hay detrás de todo esto?
            Las respuestas no las tiene Raúl, el único que puede responderlas, y como no las tiene deja estos espacios en blanco. Y la respuesta es que no hay respuesta alguna y a la vez hay muchas respuestas. El golpe que el autor quiere dar, el cuadro que quiere mostrar sin siquiera trazar una línea, es la soledad, el individualismo que es cosa común en la sociedad neoyorquino y, acaso, en la estadounidense. En el universo de Raúl sólo está el rompecabezas y el pasado, marcado por un conflicto amoroso. En suma, Raúl está solo, solo en su propio espacio.
            Alan, por su parte, vive a puertas cerradas consigo mismo. Si en el cuarto de las anguilas hay realmente anguilas, sólo Alan lo sabe, ese es su secreto y tal vez su razón de existir. Alan también está solo.
            Guillermo entra a escena a ver y a comprender, pero su curiosidad no irá más allá de simples miradas de testigo. Él no viene a cambiar nada, no viene a imponer nada, él sólo quiere saber, y nosotros, los lectores, también.
            El mundo novelesco no es más que la corrección de este mundo, según el deseo profundo del hombre. La cita es de Camus. La corrección, en Un cuarto lleno de anguilas, no es moral ni pedagógica, la corrección es metafórica. Guillermo únicamente denuncia lo que está sucediendo a su alrededor, lo muestra, y a la vez lo corrige porque pone al corriente al lector y al hacerlo lo despierta de algo, sea malo o bueno, que ocurre y que quizás se le está yendo de las manos.
            El personaje de Mike representa al inadaptado social, al tipo que se rebela contra lo establecido y toma acción para que se produzca un cambio. Mientras Guillermo es pasivo, Mike es activo. El choque (o asociación) de estos dos personajes produce una suerte de corriente, un empuje, donde el personaje activo arrastra al pasivo. Mike es una suerte de antorcha que muestra con demasiada claridad un lado de la sociedad que está ahí, ante nuestras narices, pero que nos negamos a ver.
            Un cuarto lleno de anguilas es una meticulosa colección de instantes privilegiados, escogidos por el novelista para mostrar, no para decir, esa soledad que todos conocemos, porque la vivimos, pero a la que ni ponemos atención ni procuramos cambiar.
            Una novela bien narrada, con una prosa limpia y escenas de antología. Felicitamos al autor.

10 de agosto de 2013

Rubén Sánchez Féliz impartirá taller de narrativa breve en Lehman College


El novelista dominicano Rubén Sánchez Féliz impartirá un taller de narrativa breve en Lehman College, localizada en el 250 de Bedford Park Blvd., West Bronx, NY. El taller, gratuito y abierto al público en general, consta de cuatro sesiones, los días 17, 19, 24 y 26 de septiembre, de 7:00 PM a 9:00 PM. La actividad está organizada y patrocinada por la  Asociación Sigma Delta Pi de Lehman College. La inscripción es limitada. Para más información, comuníquese con los organizadores al siguiente email: rds257@nyu.edu.   

Rubén Sánchez Féliz es autor de las novelas Los muertos no sueñan (Premio Ultramar 2010), Beatriz (Premio Federico García Godoy 2010) y Un cuarto lleno de anguilas (Premio Ultramar 2012). Además, ha publicado los libros de cuentos No volverás la mirada (2011) y Ya nunca será como antes (Premio Ultramar 2012).   

20 de abril de 2013

Rubén Sánchez Féliz en la Feria Internacional del Libro 2013, Santo Domingo.



Miércoles 24 de abril:

10:00 a.m. Sala Enriquillo Sánchez del Ministerio de Cultura
Encuentro de Escritores y Profesores de Literatura. Lanzamiento de la antología de cuentos Ruptura del límite, compilada por el escritor dominicano Avelino Stanley.

3:00 p.m. Pabellón de Escritores Dominicanos
“Los Sánchez cuentan”. Lectura de cuentos con la participación de Rubén Sánchez Féliz  y Carlos Sánchez.

5:00 -8:00 p.m. Biblioteca del Museo de Arte Moderno
Ciclo de formación literaria Juan Bosch. Taller de cuentos. Impartido por Rubén Sánchez Féliz.

Jueves 25 de abril:

5:00 p.m. Pabellón Libro-Cocina “Miriam de Gautreaux” “Escribir desde la nostalgia”, a cargo de Rubén Sánchez Féliz.

8:00 p.m. Auditorio del Museo de Arte Moderno
Invitado especial en el lanzamiento de la «AGENCIA MAMBÍ DE NOTICIA CULTURAL». El acto estará encabezado por los veteranos comunicadores dominicanos Clodomiro Moquete y Williams Rosa, presidente y vicepresidente del Grupo Cultural Vetas.

Viernes 26 de abril:

5:00 p.m. Pabellón de Escritores Dominicanos
Presentación de los libros ganadores del Premio Letras de Ultramar 2012: La música y el vértigo, de Daniel Baruc (poesía); Un cuarto lleno de anguilas (novela) y Ya nunca será como antes (cuento), de Rubén Sánchez Féliz.

8:00 p.m. Pabellón de Escritores Dominicanos
Conversatorio iberoamericano: La novelística como confesionario (¿Hay algo de confesión personal en las novelas?). Con: Edmundo Paz Soldán (Bolivia), Alfonso Mateo-Sagasta (España), Rubén Sánchez Féliz (RD-EEUU) y Ángela Hernández (RD).

24 de marzo de 2013

Rubén Sánchez Féliz gana dos premios Letras de Ultramar 2012: Cuento y Novela.


Rubén Sánchez Féliz

Los escritores dominicanos Rubén Sánchez Féliz, residente en Nueva York, y el sacerdote Daniel Baru Espinal Rivera, radicado en México, ganaron el concurso literario Letras de Ultramar 2012, informó hoy el Comisionado Dominicano de Cultura. Sánchez Féliz logró los premios en las categorías de novela y cuento con "Un cuarto lleno de anguilas" y "Ya nunca será como antes", respectivamente. Espinal Rivera obtuvo el galardón en el género de poesía con la obra "La música y el vértigo", indicó el comisionado Carlos Sánchez en un comunicado de prensa. Destacó que tanto Sánchez Féliz como Espinal Rivera ganaron los premios de Letras de Ultramar en 2010 en novela y poesía, respectivamente. Ambos participarán, en calidad de invitados de honor, en la XVI Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2013, que se llevará a cabo el próximo mes de abril.
Sánchez indicó además que el jurado de novela estuvo integrado por los escritores Miguel Aníbal Perdomo, José Acosta y Máximo Vega. El jurado del género de cuento lo formaron Perdomo, Acosta y Avelino Stanley, mientras que el de poesía por Basilio Belliard, Mateo Morrison y Juan Freddy Armando.  El concurso literario Letras de Ultramar, dotado en 5.000 dólares y un certificado para cada ganador, que se entregarán en junio, está dirigido a incentivar, reconocer y promover la creación literaria de los escritores dominicanos que por diversos motivos han establecido su residencia fuera de su país.
Este galardón es convocado cada año por el Ministerio de Cultura de la República Dominicana a través del Comisionado Dominicano de Cultura en EE.UU, con sede en Nueva York. El concurso fue convocado por primera vez en 2005 para el género de poesía y el libro ganador fue "Saint Domingue, 2044", de Osiris Vallejo. Las obras ganadoras este año serán publicadas por la Editora Nacional, en la Colección de Ultramar.

16 de febrero de 2013

MediaIsla Editores publica Beatriz


Beatriz, ganadora del Premio de Novela Federico García Godoy 2010, en Santo Domingo, RD, es una novela ambientada en la Villa Juana de principios y mediados de los años 70, en tiempos de disturbios sociopolíticos. El narrador es un niño que vive en el seno de una familia cuyos integrantes se enfrentan a la caótica situación del país de distintas maneras. Mientras el padre se acopla al clima corrupto y represivo del oficialismo con tal de proteger a su familia, la madre se solidariza con las voces subversivas y ayuda a Emilio, su hijastro, dirigente de un partido de izquierda. La novela se teje en torno a esta disyuntiva de orden moral.

¿De qué o cuál infierno huye o se oculta Beatriz? Rubén Sánchez Féliz, con toda la malicia y la seguridad que le aportan su pericia de urdidor de sórdidos ambientes o submundos, quizás ni tenga idea. La vida a soga corta, tiznada de carbón, sortea las horas y los días con una especie de cansancio que ahoga y atosiga. Los cepillos, las perreras y el distraído corretear de los muchachos se confunden tras los velados visillos de puertas y ventanas que rara vez se abren o entreabren. El barrio, el desarraigo, la opresión y la abulia se afianzan como fuertes puntales del clima y el ambiente de esta historia que discurre frente al lector a través de la mirada de un niño, que vela y desvela los misterios con una curiosidad pasmosa. Quizás las mariposas, las hormigas y los perros realengos, como contrapunto, amplíen el horizonte. La muerte, sombra que pende y se inserta en los ojos y los dedos que se mueven dentro y fuera del foco narrativo, acecha. La realidad, nadie la sabe a ciencia cierta. Los que huyen y se esconden, conviven, se delatan. Alguien la escribe. La cuenta, mueve los finos hilos que se confunden con las pelusitas y los tajos de luz que apenas filtran los rincones más secretos del aterrado vecindario, del país. Por el adecuado uso del lenguaje, del ambiente en el cual se desarrolla la trama y la maestría en la presentación, tanto de los personajes como del punto de vista desde la cual se narra, Beatriz cumple a cabalidad los requisitos indispensables de una novela bien contada. Después de su lectura, ciertos dioses jamás retornarán a sus altares. 

Adquiera su copia en el siguiente enlace: 

http://www.lulu.com/shop/rub%C3%A9n-s%C3%A1nchez-f%C3%A9liz/beatriz/paperback/product-20648024.html 


1 de enero de 2012

Parada Creativa publica No volverás la mirada, de Rubén Sánchez Féliz, bajo su colección Libro Súbito.

El laureado narrador dominicano Rubén Sánchez Féliz nos presenta con No volverás la mirada una colección de cuentos de ritmo sombrío y contundente, con un excelente dominio tanto de la atmósfera de los pequeños mundos que  recrea, como de la psicología de los personajes, quienes, mediante precisos efectos de luz y sombra, se van ensamblando en unas historias ricas en detalles y matices, cuyos desenlaces muchas veces son traspasados al lector para que, como en una carrera de relevos, ponga el punto final. Un libro bien logrado, que al leerlo nos produce la sensación de dejarnos espiar por una rendija el lado terrible y no menos hermoso de la condición humana.

http://www.paradaliteraria.com/?p=780

"Los muertos no sueñan", novela de Rubén Sánchez Féliz, gana Premio Letras de Ultramar 2010

Nueva York. -Los escritores dominicanos residentes fuera de la isla, Rubén Sánchez Féliz, Rey Andújar, y Daniel Baru Espinal Rivera, fueron declarados ganadores del Concurso Literario Letras de Ultramar 2010.


Rubén Sánchez Féliz, residente en Nueva York, ganó el premio en el género Novela con la obra Los muertos no sueñan; Rey Andújar, quien reside en Puerto Rico, ganó en el género de Cuento con la obra Saturnario; y Daniel Baru Espinal Rivera, sacerdote dominicano radicado en México, en el género Poesía, con el poemario Roja iconografía de los otoños.

El jurado de novela estuvo integrado por los escritores Avelino Stanley, Manuel Salvador Gautier, y Jorge Carrigan. El de cuento por Pedro Antonio Valdez, Máximo Vega, y Aquiles Julián. Y el de poesía estuvo integrado por Cayo Claudio Espinal, Rhina Espaillat, y Leopoldo Minaya.

El anuncio fue hecho en la Sala de Eventos Andrés Francisco Requena, del Comisionado Dominicano de Cultura en los Estados Unidos, localizada en el 541 al oeste de la calle 145, 2do. piso, casi esquina a la avenida Broadway, en Manhattan.

El comisionado dominicano de Cultura, Lic. Carlos Sánchez, felicitó a los galardonados y dijo que en esta versión se rompió el récord en participaciones, con 76 obras presentadas a concurso, 15 en la categoría de Novela, 20 en Cuento y 41 en Poesía.

El evento por primera vez fue presentado en inglés y español y contó con la colaboración del Upper Manhattan Arts Services Team, UMAST, de la Harlem Arts Alliance.

Letras de Ultramar tiene un premio en metálico de US$5,000 dólares y un certificado por género. Los ganadores participarán además en calidad de Invitados de Honor en la XIV Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2011, a celebrarse en el mes de abril de este año.

El Concurso Literario Letras de Ultramar, dirigido a incentivar, reconocer y promover la creación literaria de los escritores dominicanos que por diversos motivos han establecido su residencia fuera de su lar nativo, fue convocado en su primera versión el año 2005 para el género Poesía, y el libro ganador de dicha convocatoria fue Saint Domingue, 2044, del escritor Osiris Vallejo. Reminiscencias, libro de cuentos del escritor Keiselim A. Montás, fue el ganador del concurso en 2006.

En 2007, la novela A la sombra del flamboyán, de Dinorah Coronado, fue la ganadora. En 2008, Antonio Méndez obtuvo el premio con su libro de ensayos La mujer dominicana: inmigrante en busca de la igualdad. Y en 2009, ganó la obra de teatro La redonda peña despeñada, de Jimmy Valdez.

Las obras ganadoras serán publicadas por la Editora Nacional, en la Colección de Ultramar, y presentadas formalmente como parte del programa de la XIV Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2011. La entrega de los premios se realizará en marzo.


Rubén Sánchez Féliz Premio de Novela Federico García Godoy 2010


Rubén Sánchez Féliz se destaca como ganador en los Premios FUNGLODE/GFDD 2010

Sánchez Féliz obtuvo el primer lugar en el premio de Novela Federico García Godoy, con "Beatriz"; segundo lugar en el premio de Ensayo Pedro Francisco Bonó, con "La palabra y otro ensayo"; y el tercer lugar en el premio de Cuento Juan Bosch, con "En la mira".

Las entidades organizadoras recibieron un total de 175 obras: 78 cuentos, 33 poesías, 10 ensayos, 11 conjuntos fotográficos, 5 documentales, 31 reportajes periodísticos y 7 novelas. Los galardonados en los tres primeros lugares de casi todas las categorías obtendrán premios en metálico que oscilan entre los RD$50,000 hasta los RD$100,000. La premiación se efectuará en el mes de enero.

VIAJEROS DEL ROCÍO: 25 NARRADORES DOMINICANOS DE LA DIÁSPORA

Viajeros del rocío es un libro inusual y no farandulero con muestras de 25 autores dominicanos que viven lejos de la patria. Su autor es Rubén Sánchez Féliz, quien a pesar de su juventud ya acumula importantes premios internacionales además de ser autor de la novela “El décimo día” que ha sido muy leída y celebrada por algunas personalidades de nuestras letras. El libro, publicado bajo los auspicios de la Oficina del Comisionado de Cultura Dominicano en los Estados Unidos lleva el sello de la Editora Nacional. La antología de Rubén posee méritos dignos de trascendencia. En primer lugar, la mayoría de sus autores no fueron reunidos por razón de sus nombres, sino por la indudable calidad de sus piezas narrativas. Aquí aparecen historias que hablan muy en alto del criterio de selección del antologador. También sobresale la lección de ética de Rubén al no autoincluirse como autor a pesar de contar con piezas antológicas. Esta antología es un modelo a seguir que pudiera marcar el inicio de reordenamiento de la valiosa obra de nuestros autores en ultramar.

Luis Beiro Álvarez, Periodista y escritor cubano.

No volverás la mirada




                               Algo en la atmósfera evocaba un Apocalipsis seco.
       Michel Houellebecq




Vas a la bodega de la esquina y presencias el alboroto de siempre: voces disonantes tratando de seguir las letras de un merengue, una mesa de dominó atiborrada de jugadores y mirones, botellas de cerveza vacías tiradas en los rincones, dos o tres tipos fumando con los ojos escarbados, y Margarita, la hija del bodeguero, contoneando su cuerpo quinceañero y coqueteando con un grupo de jóvenes. Ahora te ve y se transforma, ahora es una jovencita tímida, pero lucha contra esa vergüenza y se atreve a levantar la mano para saludarte a hurtadillas. Le miras los ojos, el ombligo alfilerado, la minifalda. Una sonrisa tuya le complica el saludo. 
Cruzas por entre los hombres estacionados como carrozas en la acera. Entras en la bodega. Vas al congelador y sacas un refresco. Eludes a Pimpo, el dueño del negocio, quien sale de la contrapuerta que conduce al sótano y pasa por su lado, con esa barriga de boxeador peso completo retirado, y se pierde en la parte de atrás del almacén con quien juzgas es un cliente —un hombre alto y moreno que lleva jeans y una gorra de los Dodgers.
Margarita corre al mostrador.
—Yo le cobro, mamá. 
Ves a Generosa, la esposa de Pimpo, en silencio pero con ojos alertas, sentada en un sillón de mimbre detrás del mostrador, acariciando el pelambre de Nina, la gata que cuida la tienda contra los bigañuelos. 
Metes la mano en el bolsillo y le pasas un dólar a la joven dependiente; le rozas el dedo anular y susurras las gracias. Ella asiente, se alegra, esperaba ese gesto sutil de lo acordado. Te vas de la bodega, echas un vistazo a tu entorno. Caminas, te recuestas del poste de luz. Piensas que en este lado de la esquina, la noche vierte una fragancia adormecedora, como de flores.  
Margarita sale, te hace señas y entra por la puerta frontal de la casa. Empiezas a caminar con el refresco en la mano y, antes de dar la vuelta en la esquina, tiras la botella en la acera. Te acercas a un portón, lo empujas despacio, pero no puedes evitar el chirrido de las bisagras.
—Calla –dices, y entras al patio.
Entrejuntas la puerta y Margarita te pasa un candado.
—Es mejor dejarla abierta –propones.
—No –ordena ella, en tanto entra la mano por debajo de tu jersey y te araña la espalda –tráncala.
Obedeces.
Te sientes bañado por la luz del bombillo que, como centinela, vigila desde el techo de la terraza. Ella te abraza, y sientes su piel tibia, encrespada; ahora te besa, le miras los ojos despejados. Escuchas el retumbo de un merengue de otros tiempos. Tu mano se mueve inquieta hacia el sexo de Margarita. Ya lo sientes, está al alcance de tus dedos, humedeciéndose; sólo tienes que tocarlo, pero antes miras sobre tu hombro y, para tu zozobra, tropiezas con la mirada de unos ojos perversos. Te sobresaltas.
—¿Qué pasa, Sebastián? –pregunta Margarita.
Señalas una esquina, justificando tu reacción.
—¡Mira!
Margarita abre los ojos, vuelve la cabeza y ve un gato en la cima de la pared.
—Es el gato de los vecinos. Tal vez espera a Nina.
—¡Qué susto!
—Déjalo –susurra Margarita–. Tú eres otro minino.
—Me molesta; es como si me mirara el Diablo –sentencias.
—Ven, vamos a la esquina.
Accedes, te mueves hacia una esquina retirada de la luz y de los ojos del gato. Se apoyan en la pared, pero de pronto se alteran al sentir a alguien pisar sobre las hojas secas. Casi en seguida se escucha el portón abrirse abruptamente.
—Le puse el candado –dices, con voz baja, mientras se agachan.
—Espera –susurra ella.
Unos hombres se mueven hacia la luz del bombillo. Divisas la barriga de Pimpo, su mano derecha sostiene una linterna.
—Es tu papá.
—Espera, Sebastián… espérate.
Ves las siluetas de unos hombres: tres, tal vez cuatro. Entrecierras los ojos. Pimpo enciende el foco y alumbra hacia un lugar del patio.
—Háganlo ahí. No lo maten.   
El boxeador retirado va a la terraza y desde allí alumbra el primer golpe debajo del ombligo, en tanto mete la otra mano en el bolsillo, saca algo y se lo lleva a la boca. El cuerpo de un hombre cae al suelo rojizo. Una, dos, tres…, un enjambre de patadas en la cabeza, en los costados. Un grito desgarrador. Una mano lo levanta por el pelo y deja entrever el rostro ensangrentado por un instante, antes de ser asaltado por una lluvia de trompadas que lo hacen caer de nuevo, esta vez de bruces. 
Pimpo observa, foco en mano y masticando quién sabe qué. 
Margarita hunde la cabeza en tu pecho; no quiere, no puede ver. El gato aguza los sentidos: abre los ojos, ronronea, arquea el lomo, estira el cuerpo y su pelambre se eriza, resplandeciente, alcanzando un tamaño bestial. Pimpo arroja una ráfaga de luz hacia el felino.
—¡Gato del demontre! –vocea con la boca llena.
El gato brinca errático en tu dirección, aullando endemoniadamente, y la luz de la linterna despedaza la oscuridad que los protegía.
—¿Quién coño anda ahí? –vocifera Pimpo, mientras retrocede, empuña lo primero que halla y se encamina hacia ellos.

—¡Entra a la casa! 
Margarita se pierde en la oscuridad y se transforma en una silueta que avanza apresurada, pisando cuantas brozas encuentra en el camino. Sigues la sombra con los ojos y Margarita reaparece bajo la luz del bombillo, sube los peldaños de la terraza y se esfuma tras la puerta. Pimpo vuelve la cara.   
            —¡Váyanse! —les ordena a los hombres sin rostro.
Estás echado en el suelo, como malhechor que espera la ejecución deseando que el verdugo se compadezca. Por lo menos se consuela porque esas bestias se han ido. Deduces, por la forma en que se apagó la linterna, que Pimpo quiere mantener tu anonimato.
Ahora están solos.
De pronto sientes cómo la luz del foco te inunda la cara, arrancándote la máscara. Te sientes desnudo. Escuchas la voz apaciguada y casi tierna de Pimpo.
—Espérame un ratito, muchacho… Sebastián; así te llamas, ¿verdad?
—Sí.
—Espérame un ratito, ya vengo.
Ves la figura torpe alejarse en dirección del portón.   
Te quedas solo, en esa oscuridad, mirando el parpadeo del bombillo, pensando en la cara ensangrentada del sujeto que golpearon. Por un instante te asalta la idea de escapar. Pero no, la descartas al tiro: lo conoces, da lo mismo.   
Notas la panza de Pimpo balancearse de regreso, como si bailara al son de la bachata que acaricia el patio con un susurro cansado. Pimpo va a la terraza, apaga la luz, toma una silla y, con la linterna encendida, se dirige hacia la esquina.   
Coloca la silla frente a ti y, tras aclararse la garganta, te anuncia:
—Dale gracias a Dios que estoy de buen humor.  
Saca un cigarro y una caja de fósforos del bolsillo de la camisa. 
Te sientes incómodo, te importuna esa masa jadeante. La luz del foco se extingue y en su lugar aparece la llama del fósforo. Pimpo enciende el habano y tira el cerillo. Te mira y te lanza una bocanada de humo a la cara.
—Óyeme bien, mocoso –continúa, interrumpiendo el mensaje con una calada del cigarro– ya te había dicho que no te arrimaras a mi hija.
—Pero…
—¡Cállate!...
Abres los ojos, y tras el punto de luz del habano entrevés los labios palpitantes del bodeguero. Guardas silencio, eres todo oídos. Diga lo que diga, Pimpo tendrá la razón. No importa que te humille, lo esencial es salir ileso. 
          Te preparas para escuchar los peores insultos, pero te sorprendes cuando Pimpo empieza a hablar de su familia, del trabajo que ha pasado en el país de los gringos, e incluso toma tiempo para plantear casos hipotéticos sobre su vida de haberse quedado en su país.
—Si yo supiera de letras, hoy sería presidente de la República.   
Después de enunciar sus últimas palabras, Pimpo se interna en el más profundo de los silencios. Parece haber hurgado lejos dentro de sí y desempolvado un secreto que guardaba en un archivo íntimo. Tomas unos segundos para imaginártelo en el palacio presidencial. La imagen casi te arranca una sonrisa y la coloca en tu cara; pero no lo permites, no es el momento; por negra que esté la noche, es mejor mantener el semblante serio.
De repente, escuchas la voz entrecortada:
—Mira, muchacho… mejor lárgate… ahora mismo…
Te levantas con la intención de irte, pero sientes unas manos sujetar tu jersey.
—Te dejo ir, muchachito, pero no lo olvides: te quiero lejos de mi hija… No la sigas sonsacando.
Asientes como si escucharas una orden de estado. Pero continúas sujeto, anclado a esas manos ásperas. Piensas, sin embargo, que Pimpo en algún momento te soltará. Entonces caminarás despacio, mirando hacia los lados. Llegarás al portón y saldrás desaliñado, feliz de haber escapado de ese enredo. Te detendrás antes de doblar en la esquina de la bodega. Respirarás profundo y el susto se ahogará en tus pulmones, borracho por el raudal de aire fresco. Escucharás el bullicio de un merengue y te quedarás absorto, ensimismado. Luego cruzarás por entre el gentío frente al colmado. Pensarás en Margarita cuando atravieses la acera de la casa, pero no volverás la mirada buscando sus ojos tras la ventana, más bien apretarás el paso, acatando así la orden del ejecutivo mayor. Ni siquiera darás una ojeada a los jugadores de dominó. 
Cuando hayas traspuesto la bodega, tendrás tiempo para llevarte los dedos a la nariz, buscar en ellos la esencia de Margarita. Una sonrisa asaltará tu cara, a traición, y no podrás evitarla, dejarás que te acompañe hasta la entrada del edificio, que cabalgue tu cuerpo hasta el momento justo en que entres a tu casa y te sientas a salvo. Así quieres que suceda, para dar por terminado el día, dejar todo atrás. Pero no.  

Pimpo por fin te suelta con un empujón y, descolgado del tiempo, caes bocabajo. Ahora no entiendes lo que acontece: sientes el primer golpe en el cráneo, y, mientras te arrastras por la tierra como sierpe, levantas la cabeza y ves un gato erizado en la cima de la pared.